La displasia de cadera en perros es una afección osteoarticular tan común como preocupante en el mundo perruno. Se trata de una enfermedad que puede condicionar seriamente la movilidad de tu mascota por lo que debe abordarse tempranamente y de forma integral.
A continuación te contamos todo sobre la displasia de cadera en perros, sus síntomas, causas y tratamientos que debes conocer para cuidar a tu perro de la mejor manera.
La displasia de cadera en perros, es una enfermedad que compromete a la articulación coxofemoral, encargada de generar la fuerza de propulsión en las patas traseras.
Esta displasia, es una malformación ósea donde la unión entre la cabeza del fémur y la cavidad de la pelvis, es decir la articulación de la cadera, no tiene un desarrollo adecuado. La articulación no logra tener un ajuste firme, generando inestabilidad para los huesos que terminan desplazándose cuando el perro camina.
La irregularidad en el movimiento produce un roce permanente que puede traer diferentes consecuencias como desgaste en el cartílago, encargado fundamental de proteger los huesos, así como inflamación dolorosa y hasta artrosis crónica.
Durante el crecimiento, los huesos no se desarrollan de forma sincronizada, lo que provoca una holgura en la articulación. Con el tiempo, este roce constante causa el desgaste del cartílago, inflamación y, finalmente, una artrosis dolorosa. Aunque tiene un componente genético hereditario muy fuerte, factores como el ritmo de crecimiento y el peso juegan un papel determinante en la gravedad del cuadro.
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La displasia de cadera en perros es una malformación no congénita pero muchos tienen una predisposición genética a desarrollarla. El dueño del perro cumple un papel crucial para poder detectarla lo antes posible y realizar un tratamiento preventivo sin llegar a la instancia de requerir una cirugía mayor.
Los síntomas de la displasia de cadera en perros pueden aparecer alrededor de los cuatro o cinco meses, durante la etapa del crecimiento pero también en la edad adulta del perro.
En los perros cachorros y más jóvenes los síntomas suelen incluir saltos con las dos patas traseras en simultáneo, dificultad para subir las escaleras o poca actividad, prefiriendo estar recostado en vez de dar su paseo o jugar.
Los perros mayores con displasia tienden a cojear de manera intermitente, sobre todo luego de una actividad física intensa, también presentan rigidez al levantarse, en especial si hace frío o tras períodos largos de descanso.
La pérdida de masa muscular es otro síntoma muy visible, sus patas traseras se tornan delgadas y su tren delantero se ensancha producto del desplazamiento del peso hacia adelante para impedir el dolor. Además, puedes escuchar chasquidos en su caminar provenientes de la zona de la cadera.
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Existen algunos recaudos, en tanto tratamientos pertinentes para la displasia como así mismo para la prevención, que debes conocer en pos de brindarle el mayor bienestar posible a tu mascota.
Aunque hayas identificado algunos de los síntomas mencionados, es necesario que acudas cuanto antes a un médico veterinario para que realice el diagnóstico definitivo correspondiente mediante radiografía. En caso de que el perro presente displasia, el tratamiento variará según su edad y el grado de la lesión.
Si se trata de una displasia leve o el perro es muy mayor para someterlo a una cirugía, se prioriza un tratamiento basado en fármacos como antiinflamatorios para disminuir el dolor o condroprotectores que ralentizan el desgaste del cartílago.
Junto con el suministro farmacológico se promueven técnicas para mejorar la movilidad y fortalecer los músculos sin impactar en la articulación como la fisioterapia o la hidroterapia.
Las intervenciones quirúrgicas suelen realizarse en los casos de detección temprana en cachorros, a modo de prevención como con la triple osteotomía pélvica o en casos de artrosis avanzada en perros adultos. En este último caso la solución se da a través de una prótesis de cadera o con cirugías que regresan la movilidad tras quitar el roce óseo.
Una buena alimentación es parte ineludible del cuidado integral de cualquier perro. La alimentación puede influir en la evolución de la displasia en el perro sobre todo si este posee una predisposición genética.
Si el perro recibe una alimentación deficiente puede contribuir a desarrollar la enfermedad o empeorar el cuadro exponencialmente. De lo contrario, una adecuada alimentación reducirá significativamente los riesgos y ayudará a mantener una vida normal.
El sobrepeso es el principal enemigo de la displasia, ya que genera mayor presión sobre una cadera inestable. Es importante no sobrealimentar los cachorros de razas grandes, como el Pastor Alemán, el Labrador o Gran Danés, dado que los huesos pueden crecer más rápido que los músculos y ligamentos sobreexigiendo a la articulación.
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La displasia de cadera es una malformación estructural por lo que requiere de una cirugía exitosa, un tratamiento progresivo y un control estricto del peso del perro mediante una adecuada dieta con alimentos balanceados de calidad. Estos factores son claves para que la mascota recupere su vida activa y sin dolor durante años.
Debe hacerlo, siempre y cuando se trate de un ejercicio controlado. Esto implica evitar saltos y giros bruscos o corridas en superficies duras como asfalto. Se recomienda en cambio, pases cortos con su correa y en superficies blandas como pasto. La natación también es una buena alternativa para una musculatura lo suficientemente fuerte para su articulación.
Sí, la displasia de cadera afecta principalmente a razas de perros grandes como el Rottweiler, el Golden Retriever, el Mastín o San Bernardo. Algunas razas pequeñas también pueden verse más afectadas dada su morfología como en el caso del Pug o el Bulldog Francés. Aunque, como menciona American Kennel Club, si bien hay ciertas razas más propensas a esta afección, ningún perro está excento de sufrirla.
Este artículo tiene una finalidad informativa y no debe interpretarse como asesoramiento para el cuidado de tu mascota. Ante cualquier duda acerca de la salud de tu mascota, lo mejor es consultar a un veterinario calificado.